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Oficios de Arte

Esgrafiado

Orígenes y Evolución



La técnica decorativa denominada esgrafiado tiene su origen varios milenios antes de Cristo en la civilización etrusca, pero fueron los romanos quienes le dieron nombre, “sgraffiare”. Al término, que significa rascado, hace también alusión la herramienta con la que se trabajaba, el grafio. El proceso consiste en raspar con esta herramienta una superficie para dejar vista una capa inferior de otro color. Esta técnica, además de aplicarse para el enlucido de muros, también se ha utilizado asiduamente como técnica cerámica.

Aunque su uso se ha extendido por todo el mundo, en algunas ciudades tuvo mayor auge. Es el caso de Florencia y Roma en Italia, en ciudades como Silesia, Sttugart o Bohemia en Alemania. En la Península Ibérica lo introduce la cultura mudejar, y sus máximas representaciones las encontramos en Cataluña, la provincia de Segovia y Portugal. En numerosas ocasiones, el esgrafiado ha servido para compensar la pobreza de los materiales mediante decoraciones que realzaran el muro sin la necesidad de aumentar el coste de la construcción. Pero en el Renacimiento se logra una perfección técnica tal que su uso se popularizó en iglesias, monasterios y palacios donde se decoraban no solo las fachadas, también se aplicaba esta técnica para el embellecimiento de los muros interiores, creando auténticas obras de arte que se conservan hasta nuestros días.

En España está documentada la existencia de artesanos esgrafiadores desde el siglo XVII. Ya desde esa fecha encontramos en Canarias edificaciones en las que se usa esta técnica para ennoblecer el acabado de los muros.



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